Asesinato de un Hada
En medio de un prado verde, el rabillo del ojo la vigila incesante, impetuoso, impávido. Sopló el viento y una ráfaga de brisa creó una ola verde brillante que distorsionó el amarillo seco. Su pelo azul brilla en el agua del arrollo. Las piedras caen como gotas del cielo y chapotean en la tierra. No hay ramas a las que aferrarse. No hay arbustos entre los que esconderse. No hay nadie a quien gritar. Y el agua dorada entró en sus pulmones para no salir nunca jamás.
Ojo contra ojo. Pupila contra pupila. Nubes en el suelo.